La Asociación AID, en el marco del convenio de colaboración con el Ayuntamiento de Córdoba, ha organizado la segunda salida intercultural a una ciudad andaluza. En esta ocasión, el destino elegido fue Málaga, donde un grupo de personas beneficiarias de distintos recursos sociales participaron en una jornada de convivencia y descubrimiento cultural.

La jornada estuvo guiada por Estrella y Manoli, dos amigas de AID que diseñaron un itinerario tan enriquecedor como diverso. Comenzamos en la Alameda Principal, admirando sus casas de estilo victoriano, y continuamos por el Mercado de San Miguel, una joya modernista con elementos artísticos islámicos y hermosas vidrieras que representan la ciudad desde el mar.
El recorrido por el casco histórico nos llevó a callejuelas encantadoras, viviendas con cierres de madera y cristales de colores, construcciones modernistas e iglesias como San Juan y Santiago, en las que se entremezclan estilos gótico, mudéjar, renacentista y barroco. «Mira esa torre, parece el alminar de una mezquita», comentó Fanida al ver el campanario de la iglesia de Santiago. Allí, Estrella nos relató la historia de la Cofradía de El Rico, que cada Miércoles Santo libera a un preso, una tradición que se remonta a una pragmática real de Carlos III tras la epidemia de peste de 1756.

Paseamos por la calle Larios, la plaza de la Marina y el parque, donde descubrimos especies arbóreas de distintas partes del mundo. Reflexionamos sobre la constante movilidad de personas, plantas, recursos y animales a lo largo de la historia, y sobre la paradoja de quienes hoy se oponen a la migración humana pero no a la de los recursos naturales.
La visita al Museo de Málaga fue una auténtica lección de multiculturalidad, con vestigios romanos, fenicios, griegos y musulmanes.

Después, compartimos una comida en la playa de la Malagueta, tras pasear por el Muelle Uno. Sabores de Marruecos, España y Venezuela se mezclaron en una experiencia gastronómica intercultural: «Prueba esta tortilla marroquí», «Dame tortilla de patatas», «¡Qué rica la pastela!»
Por la tarde, visitamos la Alcazaba, una joya de la arquitectura islámica construida sobre restos fenicios, con materiales romanos reutilizados, aportaciones cristianas y vistas inigualables al mar. A esto se sumaron el teatro romano, la catedral gótica, renacentista y barroca, y una merienda de dulces marroquíes ofrecida por nuestra amiga Manoli.
La sorpresa final fue un desfile de carnaval en el centro histórico, y una nueva oportunidad para acercarnos al legado de Picasso, el malagueño universal.




Gracias al convenio municipal, personas acogidas en el albergue Campo Madre de Dios, Casa Claver y Casa Mambré han dado un paso más hacia la interculturalidad. Esta visita a Málaga no solo ha sido un encuentro con el arte y la historia, sino también un valioso espacio de convivencia y enriquecimiento mutuo.