Este verano ha estado lleno de encuentros, aprendizajes, convivencia y nuevas relaciones. Durante los meses de julio y agosto, desde AID hemos seguido apostando por crear espacios en los que personas de diferentes edades, países, culturas y creencias puedan conocerse, compartir y descubrir todo aquello que las une.

Todo comenzó el 2 de julio, con el encuentro entre AID y Rajab celebrado en Santa María de Trassierra. La Casa Santa Rafaela María nos acogió hasta el día 6 y allí nos reunimos 16 personas procedentes de Ecuador, Perú, Colombia, Marruecos, Argelia, Venezuela y España.
Durante aquellos días compartimos mucho más que un espacio. En torno a la mesa aparecieron platos de tres continentes y, en nuestros momentos de convivencia, se mezclaron la música árabe, ecuatoriana, la salsa, el flamenquito y otros ritmos latinos.
También pudimos disfrutar de una preciosa ruta de senderismo utilizando los cinco sentidos. La jara pringosa despertó nuestro tacto; el hinojo, el gusto; el romero, el olfato; los alcornoques, la vista; y el canto del ruiseñor o del petirrojo, el oído. Y, cómo no, hubo tiempo para refrescarnos en la piscina y hacer más llevaderas “las calores del veranito cordobés”, siempre algo más suaves en Trassierra.
Las dinámicas de grupo nos permitieron reflexionar sobre los aspectos positivos y las dificultades de esa interculturalidad que deseamos construir y que, a veces, tanto trabajo nos cuesta. En “Construyendo la ciudad intercultural”, los participantes tuvieron que imaginar una ciudad e incorporar aquellos elementos necesarios para que todas las personas pudieran sentirse parte de ella. Pura nos ayudó también a identificar las barreras y los apoyos que encontramos en nuestros procesos de integración, y Carmen compartió con nosotros un taller de elaboración de pulseras.
Especial fue también la visita a la iglesia de Trassierra, donde descubrimos elementos de arte islámico, románico, gótico, mudéjar y barroco. Y difícil será olvidar el baño en el Guadiato, con una escena que parecía sacada de un cuadro impresionista.
Cuando llegaba la noche, la terraza se convertía en lugar de encuentro. Una venezolana charlaba con un argelino, una peruana explicaba su manera de cocinar a una marroquí, una española compartía su trayectoria profesional con una colombiana y otro de los participantes mostraba las estrellas a quienes sentían curiosidad por la astronomía.
Unos rezaban a Allah, otros a Dios, y todos y todas encontrábamos motivos para agradecer lo recibido y aquellos días de descanso alejados de algunas de las preocupaciones de la vida cotidiana.
Nos despedimos con abrazos y besos después de una visita a la ciudad de Córdoba.
Raíces diversas, futuro común

El siguiente paso de nuestro verano por la igualdad llegó con el VI Encuentro de Jóvenes por la Interculturalidad, celebrado del 23 al 27 de julio también en Santa María de Trassierra, bajo el lema “Raíces diversas, futuro común”.
Jóvenes procedentes de Pakistán, Brasil, Egipto, Irak, Argelia, Costa de Marfil, Gambia, Senegal, Marruecos, Guinea-Conakry, Sáhara Occidental, Perú y Ecuador, y residentes en lugares como Jaén, Córdoba, Barcelona y Sevilla, compartieron cuatro días de convivencia, amistad, reflexión, emociones, ocio y conocimiento del entorno rural y cultural.
Dinámicas como “El puente hacia la interculturalidad” o “El viaje de los estorninos”, el visionado y reflexión sobre la película Las nadadoras y distintos talleres nos ayudaron a pensar juntos qué interculturalidad vivimos y cuál queremos construir.
Contamos además con la participación de InteRed en la acogida y disfrutamos de una visita intercultural por la ciudad de Córdoba.
Las valoraciones de los propios jóvenes fueron especialmente positivas. Destacaron la convivencia, las actividades realizadas y la posibilidad de conocer a otras personas, mostrando su deseo de que esta experiencia tenga continuidad.
Y si algo nos dejó claro este encuentro es que tener raíces diferentes no impide caminar hacia un futuro compartido.
“Yo contigo, tú conmigo”
En agosto, el protagonismo pasó a los más pequeños con el campamento de adoniñ@s “Yo contigo, tú conmigo”.
Érase una vez un grupo de niños, niñas y adolescentes llenos de energía, creatividad, rebeldía, inocencia, alegría, entusiasmo, cansancio, ganas de aprender, jugar y descubrir emociones. Érase también un grupo de jóvenes monitores y monitoras, estudiantes universitarios de entre 20 y 25 años, dispuestos a entregarse para hacer felices a nuestros “adoniñ@s”. Y había, cómo no, una cocinera que se desvivía preparando comidas de Marruecos, Colombia y España.
Los protagonistas de esta historia procedían de España, Marruecos, Colombia, Honduras, El Salvador, Senegal y Nicaragua. Los niños, niñas y adolescentes tenían entre 5 y 15 años y durante cinco días compartieron la Casa Emaús y el entorno natural de Trassierra.
El lema, “Yo contigo, tú conmigo”, nos invitó a descubrir cómo podemos construir juntos una vida diversa en culturas y creencias. A través del juego, talleres, senderismo, baños en la piscina y pequeños grupos encargados del cuidado mutuo y de la casa, los participantes pudieron identificar situaciones que querían transformar, experimentar que unidos somos más fuertes y reconocerse como parte de una historia compartida.
El quinto día, después de que por parejas reconocieran los valores y cualidades de la otra persona, hubo también un tiempo para mirar hacia dentro y agradecer a Dios, Allah o Yahvé todo lo vivido.
El aprendizaje tampoco se detuvo en verano
Mientras se sucedían los encuentros y campamentos, nuestro voluntario Mustafa mantuvo durante julio y agosto las clases de castellano en el Centro Cívico Arrabal del Sur, haciendo posible que quienes estaban iniciándose en el idioma pudieran continuar aprendiendo durante el verano.
Porque construir igualdad y desarrollo social no es una actividad concreta ni un encuentro aislado. Es acompañar, enseñar, escuchar, compartir una mesa, pasear juntos, cuidar una casa, jugar, conversar bajo las estrellas o aprender las primeras palabras en un idioma nuevo.
Nada de este verano habría sido posible sin muchas personas y entidades que han aportado tiempo, trabajo, recursos y cariño.
Gracias a InteRed, AMISI, Rajab, Educación y Cultura, Institución Teresiana, Banco de Alimentos, Delegación de Migraciones, y a Aws, Guadalupe, Mehtab, Lili, Carmen, Abraham, Estéfani, Álvaro, Cristina, M. Carmen Pérez, Mouguit, Khadija, Rosa Mary, Pura y Francisco.
Y gracias también a los amigos y amigas de la comunidad de la parroquia San Ignacio y de la Institución Teresiana, que con su apoyo económico han ayudado a hacer realidad este verano por la igualdad y el desarrollo social.
Un verano para comprobar, una vez más, que cuando nos encontramos, nos conocemos y nos cuidamos, nuestras diferencias dejan de separarnos y comienzan a enriquecernos.
