El pasado 13 de mayo, un grupo de niños y niñas de las clases de apoyo, junto a sus padres y madres y alumnado de las clases de castellano, nos dimos cita en la Puerta del Puente para iniciar una ruta por los patios de la calle Agustín Moreno y sus alrededores.

En total, 20 personas entre niños, niñas y adultos compartimos una tarde de paseo, aprendizaje y convivencia. Comenzamos recorriendo la ribera y conociendo la historia del Arco del Triunfo. Después visitamos la Plaza del Potro, donde descubrimos la historia de San Rafael y su papel como protector de Córdoba.
Desde allí llegamos al patio del convento de Santa Cruz y, justo enfrente, disfrutamos de la visita al patio de la casa número 25 de la calle Agustín Moreno. Su dueño tuvo el bonito detalle de improvisar para nuestros peques un juego llamado “Busca el tesoro escondido”, que hizo aún más especial la visita.
Este patio nos sorprendió por la mezcla de culturas e historias que guarda en cada rincón: capiteles visigodos y romanos, epigrafía árabe que nos recuerda que “el reino de la Tierra es de Dios”, fragmentos hebreos y rogativas católicas como “Dios bendiga cada rincón de esta casa y proteja a sus habitantes”. A todo ello se sumaban naranjos, gitanillas, calas, geranios, azucenas y rosas, que competían por hermosear el espacio.
La ruta continuó por la iglesia de Santiago, donde descubrimos el alminar de la antigua mezquita. Más tarde, en la Casa de las Campanas, nos sorprendieron el artesonado, los arcos polilobulados, la yesería mudéjar, las buganvillas, los cipreses y el jazmín chino, cargado de flores, que nos regaló su perfume. También las fuentes del patio de la calle Aceite nos trasladaron, por un momento, a la Alhambra.



Para terminar la tarde, una rondalla y un coro de mujeres cordobesas, envueltas en mantones, amenizaron la espera a la entrada del patio de la calle Tinte.
“¡Qué tarde más buena hemos echado!”, nos comentaba Pepe. Y Khadija añadía: “Hay muchas cosas aquí bonitas y hay cosas como en mi pueblo de Marruecos”.
Y es que no necesitamos grandes cosas para disfrutar: patios, flores, paseo, charla, música y tiempo compartido. También comprobamos, una vez más, que no somos tan diferentes quienes vivimos a uno y otro lado del Mediterráneo.
